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diumenge, 11 de febrer de 2007

El fondo

Podía haber sido una bonita mañana. Estaban sentados en la cocina sin dirigirse la palabra, mientras en la radio dos expertos hablaban sobre el cambio climático. Había desayunado tostadas con mantequilla y mermelada. Mermelada sin azúcar. Había que cuidarse. La mujer se levantó y puso la olla con agua en la cocina de inducción. Miró a su mujer por encima del periódico. Hacía días que estaba distante. Enfadada. No se lo había dicho, pero él lo sabía. Ella puso la taza, la cucharilla y el platito en el lavaplatos y desapareció de la cocina. Él se miró la mano, detenidamente, para centrarse en las uñas demasiado largas. Repiqueteó sobre la mesa una melodía. Ella entró de nuevo en la cocina para coger el cesto. Ni lo miró. No entendía qué le pasaba a su mujer. Aquel malhumor hacía mucho que duraba. Quizás unos días. O meses. Se escuchó:

- vigila la olla!

Y la puerta se cerró, mientras él respondía:

- yo la miro!

Se tiró en el sofá. Cogió el mando a distancia e hizo zapping distraídamente. En la tele, unas alubias dentro de una sartén, un gato caminaba sobre unos mosaicos brillosos. Ellos habían tenido un gato hasta que se escapó. Fue por semana santa y todavía esperaban a que volviera en cualquier momento. Más tarde, alguien habló de los dientes, de prestar dinero, de rejuvenecer, de limpiar la vajilla. No había recogido la mesa y ella se molestaría. Últimamente se molestaba por todo. Preguntaría en la farmacia por la crema antiarrugas.
Se volvió a abrir la puerta. Escuchó unos pasos y un grito. Se levantó de un salto y fue hasta la puerta de la cocina. Ella estaba sentada en una silla. Con las manos, se tapaba los ojos y sollozaba. Había una oscura niebla y olía ha quemado. Él conectó el extractor y abrió la ventana. Se acercó a la olla. Una masa indescriptible se había adherido para siempre en el fondo.
Fue el día que ella se fue y la pasta se arruinó.