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divendres, 16 de maig de 2008

Un pasaporte en el iris del ojo - Fragmento del reportaje de "El País"

Un individuo camina con prisa por el pasillo de un aeropuerto. Mientras avanza, una cámara sigue sus pasos y envía las imágenes a un ordenador que determina un patrón de movimiento de sus piernas para compararlo con los registrados en una base de datos. Antes de llegar al final del pasillo, el individuo es identificado y las puertas de acceso se abren, sin necesidad de mostrar documentación alguna: Su credencial es su propio cuerpo. El análisis del modo de caminar constituye uno de los últimos sistemas biométricos para el reconocimiento electrónico de las personas, unas tecnologías que no sólo se espera que sean aplicadas en breve en las fronteras europeas, sino que pueden irrumpir pronto en muchos ámbitos de la vida cotidiana.
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En Emiratos Árabes, los pasajeros deben de fotografiar su iris para cruzar la frontera, un sistema que se emplea para impedir que oculten su identidad los cerca de 420.000 inmigrantes que han sido expulsados anteriormente del país y de los que se guarda una imagen de sus ojos en una base de datos. En cambio, en el aeropuerto israelí de Ben Gurion se utiliza la estructura de la mano como factor biométrico, pero para identificar de forma rápida a los viajeros frecuentes que, por ello, se benefician de diversos privilegios.