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dijous, 5 de maig de 2016

Hacerse la muerta

Me hago la muerta y ya está. Ya verás cómo me echaran de menos. Ahora no se dan cuenta de que vivo por ellos, para ellos, hacia ellos. Como si yo no fuera nada y sólo fuera una parte de ellos, un apéndice. Me hago la muerta, no en fin de semana, no. ¡Un lunes! Y les jodo la semana. A ver cómo se apañan para las comidas y la compra, y el échame a lavar el chándal y la sopa está sosa. Si no saben ni calentar unos macarrones. Con todo el dinero que tengo recogido me largo y tengo para días, semanas. ¡Pero si ni siquiera se han dado cuenta que el frasco con el dinero lo tengo al lado del estropajo y el mistol! Me hago la muerta y me hago la muerta. Pobres, cuando se enteren que me he muerto. No sé si voy a resistir. Ahora en plena primavera y Quique con las alergias. Y la ortodoncia de Nacho en dos semanas. ¿Igual me hago la muerta en quince días y va mejor, no? Pero un escarmiento hay que darles. No como la tía Joaquina que se hizo la inválida aquel año por navidad para ahorrarse asar el pavo y al día siguiente se levantó diciendo que había sido un milagro. Me hago la muerta. Sí. ¿Pero qué aburrimiento, no?

Bestial



Un hipopótamo pare
sangre y barro
El puma odia
desgarrar el estómago
de sus últimas víctimas
cuatro mosquitos vegetarianos
y rabiosos
De las hojas
penden miles de crías
caracoles de campo
que llenaran platos con estrella
Pulpos sin tentáculos
esferificados.
Las ardillas
surcan el bosque
todavía verde
y lanzan gas pimienta
En las antípodas
canguros indomables.
Mariquitas devoradoras de sapos
Salamandras sin mancha
Cerdos light
de visita al endocrino
Leones de risa fácil
Saltamontes de mar.
Mujeres pantera.