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divendres, 13 de març de 2009

Holograma

Soy guía turístico en el valle. Trabajo todos los días de lunes a domingo de mayo a octubre. Cada mañana recojo a los turistas en los hoteles. Cada día los tengo que esperar. Los aguardo con la lista en la mano. Algunos se acercan, me preguntan y yo sonrió. No les doy mi nombre verdadero. Les presto uno por que temo que al darles mi nombre se lleven algo mío. Viajo con ellos durante toda la semana y voy dándoles un poco de mí, ellos arañan todo lo que pueden. Quieren aprender todas las palabras que yo digo, todo mi lenguaje para llevárselo a sus casas. Yo explico y explico, pero soy consciente de que el arte no se puede explicar. Les cuento con vehemencia todos los detalles mientras reflexiono si ya formo parte del valle y también debería explicarme. Quizás debería decirles cómo he visto crecer los árboles, que echo de menos las flores marchitas o que nos han robado algunas piedras. Intento evitarlo, pero salgo en casi todas las fotos, como si formara parte del paisaje. Me pregunto si se dan cuenta de que soy real. De que no soy burdo holograma que espera a la salida del museo o en la puerta del autobús. Cuando regresan a sus casas al final del viaje y muestran sus fotos, soy una ausencia. Poco a poco se van llevando algo de mí. Me mezclo con el valle a través de mis lágrimas, del sudor. Las palmeras están llenas de mis miradas y tengo cicatrices en las piernas. A menudo pienso dónde empieza el valle y dónde termino yo.
Eva Març 2009