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dijous, 10 de gener de 2008

La salida

Sentada en el jardín junto a mi hermana Ashrid, por fin me dejo llevar. He ido a su encuentro. Ahora el aire me alza, me acaricia, se arremolina a mis pies. Pienso en él. Me esperará en casa. Me andará buscando. No quiero que se enfade conmigo otra vez. No quiero ver como estalla de nuevo su tormenta.

Mientras mi hermana me habla intentando convencerme, miro hacia el suelo. Veo los surcos que forma la tierra: marrones, verdes, amarillos y rojos. Espero ver el día que las semillas formarán otras vidas. La próxima primavera. Vidas en forma de árboles y raíces. Raíces nuevas que me dejaran mover y no me atarán. Árboles en un gran bosque de respeto. Hojas nacidas de palabras. Miro a Ashrid y ella me devuelve la mirada preñada de dudas. En su pulgar, el anillo. El anillo de mamá. Brilla como fuego y me incendia y me llena de ganas. Calienta el vacío que desde hace tiempo forma parte de mi y siento que algo ha cambiado.

Sentadas en el jardín, puedo navegar con libertad de pensamientos. Espacio inmenso y finito que me envuelve. Observo el agua de la fuente y finalmente, bebo. Se desliza por mi garganta y dejo que fluya. Como mis furtivas lágrimas. Siento que se me han escapado casi todas, como la vida. Antes de marchar con Ashrid, le digo una vez más:

- No te importa abandonar el jardín?

- No te preocupes. Ahora tu miedo será nuestro amigo, y mañana, sembraremos nuevas semillas.

Eva 22/03/2006