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dijous, 7 d’agost de 2008

Paseo por el mercado de la “Boqueria”


Los langostinos todavía saltan entre el perejil y el hielo. Veo unos peces como culebrillas. Sus lomos son del color del óxido de las cúpulas. Son cintas que no atan, ojos pequeños que no miran. Calamares de ojos grandes y navajas que desprenden aroma de mar. Más adelante huele a fruta caliente, verdura podrida, carcasas de pollo, musgo en las naranjas, fresas blandas, esqueletos de pescado, hígados amarillos y verdes, sudor. Paso frente a uno de los bares del mercado. Percibo olor a café, café espeso, bocata mini de jamón y zumo de naranja. La Boqueria desprende aromas de humanidad, gente que pasea, turistas despistados, delantales blancos con puntillas, hielo sucio. Charcos de agua en el que no te ves reflejado. Se pegan los pies al suelo pringoso. En los puestos de la entrada hay frutas secas, cáscaras rotas en el suelo. Focos de luz que tintan los cestos de mimbre. Orejones, plátano seco, pistachos, piñones, higos, dátiles, uvas pasas. En otras cestas gominolas bañadas en azúcar de colores. Nubes, moras, huevos fritos, chupetes, labios de goma, coca-colas gigantes, lagartijas, regaliz, ladrillos rojos, grageas de chocolate de colores.