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divendres, 23 de març de 2012

Latente

Me salpicó la felicidad un veintinueve de febrero. Me resistí a reír, a sentirme bien, a suspirar. Cedí y acepté que las endorfinas de mi organismo pensaran por sí solas y la felicidad se sumergió en mi, como si yo fuera un caldo de cultivo donde poder crecer y reproducirse. Pequeñas partículas de felicidad sacando raíces en el hígado, en la aorta. Desconsoladamente feliz, en contra de mi voluntad. Te salpica la soledad y ya no importa nada. Sientes la extraña sensación que todo es posible y la feliz locura se adueña de ti, te envuelve, te araña, te escupe. Eres una nueva presa del parásito.