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divendres, 2 de febrer de 2007

Ruta 52



- Tienes que dejar siempre la escopeta en el comedor?

Bonnie estaba harta. Desde que se casaron, Clyde había cambiado mucho. Cuando se conocieron, ella era camarera y él la recogía en el restaurante cada día con su flamante Ford V-8. Siempre admiraba su peinado y le decía al oído cómo le gustaba el perfume. Sus ojos marrones la hacían enrojecer hasta bajar la vista al suelo. Clyde era como Robbin Hood y ella se sentía orgullosa de ese hombre que retaba a la policía en cada una de sus fechorías. El primer día que asaltaron juntos un banco, fue excitante. Todo sucedió muy rápido. Salieron con las bolsas cargadas disparando al aire, mientras el director del banco y los demás permanecían tirados en el suelo. Fue la primera vez que se atrevió a disparar el revolver y comprobó que no tenía mala puntería. Pero la recesión económica de esos años, hizo que el trabajo de Clyde fuera de mal en peor. Se pasaba las horas contando los billetes que les quedaban y bebiendo un bourbon tras otro. Ella lo miraba de reojo mientras recogía la mesa y ya no recordaba el motivo por el cual estaban juntos.

- Si quieres, puedo volver al restaurante.

Clyde ni la miró. Siguió bebiendo y con el humo del cigarrillo dibujaba círculos que se desvanecían en el aire. Hacía casi un año que no trabajaba. Mientras fregaba los platos, Bonnie recordaba cuando les persiguieron cinco coches de la policía y milagrosamente se deshicieron de ellos. Aquella noche lo celebraron por todo lo alto. Se secó las manos con un paño y observó la cicatriz. Se la hizo el día del atraco al Banco Federal. La policía les rodeó y ellos no tuvieron más remedio que escapar con rehenes. Aquella mujer estaba como loca y le hizo un corte con un pedazo de cristal.

- Clyde, me separo.

Siguió sin responder. Bonnie se quitó rápidamente el delantal y haciendo una bola, se la lanzó en la cara. Él no dijo nada. Estaba decidido! No podía estar todo el día viendo como se compadecía. No resistía tener que limpiar los vómitos de todas sus borracheras. No quería seguir en aquella situación. Desplegó el mapa y echó una rápida ojeada a la ruta 52. Cogió su abrigo, la escopeta y salió con el Ford derrapando hacia la carretera. A qué hora abrirían el banco?