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diumenge, 1 de març de 2009

Problemas cotidianos

"¡No me lo puedo creer! Al llegar a mi planta me he encontrado que las luces estaban apagadas, un calor espantoso y el ambiente cargado de un aroma raro. Era un olor dulzón, de naranja o jazmín. Me he ido hasta el cuartito para cambiarme y cuando he tenido la bata puesta, el carro preparado y el cubo lleno de agua he ido hacia el vestíbulo. Al apretar el interruptor, los fluorescentes se han ido abriendo sucesivamente hasta hacerse la luz y lo he visto. Estaba todo revuelto: máquinas fotocopiadoras por el suelo, papeles por todas partes, las pantallas de los ordenadores zumbando. Me he enfadado mucho por que mi turno es de seis horas y ya sabes que es imposible limpiarlo todo, y no estoy dispuesta a quedarme ni un minuto más si no me lo pagan. Pensaba que estaba sola hasta que he oído unos ruiditos y he notado que algo verde pasaba rozándome las piernas Por todas partes rezumaba un líquido espeso, verde y pegajoso y en medio de la sala estaba el Sr. Quinn. Lo he conocido por la forma que movía las seis patas delanteras, rozándolas una con otra. A mi ya sabes que no me gusta criticar pero ya te dije yo que alguna gorda se preparaba. No entiendo todo ese lío de la metamorfosis. Dicen que es por la crisis, que hay que cambiar, que si no cambian tendrán que cerrar la empresa. Pues que hay que cambiar, pues se cambia y punto pelota. Y a mi me interesa el trabajo aunque nos paguen una porquería de sueldo. Que ahora toca metamorfosis, pues metamorfosis. Pues eso, yo ahí de pie y el Sr. Quinn tan verde y más gordo que nunca, me ha mirado con esos ocho pares de ojos saltones, ha estirado una de las alas, ha soltado una especie de bufido y me ha indicado que pasara. Los otros estaban en la oficina. Menudas pintas. Parecen palos verdes y por más que me he fijado, no he podido reconocer a nadie, porque estaban todos pringosos y se movían muy rápido. Yo me he dicho, tranquila, no importa que estén por medio, mientras no me pisen lo fregado. Me he colocado bien los guantes, y empezado por recoger las papeleras, a poner sobre las mesas las sillas, a limpiar toda aquella porquería verde. Los papeles estaban pegados al suelo, y he tenido que echar mano de la rasqueta. Un asco, la verdad. Nos pagan muy poco para acabar reventadas cada día. Y encima a mi me tocan estos guarros. Las peores son ellas. Estaba todo lleno de huevos o larvas o como se llame. Como son casi transparentes he estado mirando los bebés. Me hacían gracia tan pequeños y chupándose las alitas. Tienen un color verde precioso. ¡Tan monos de pequeños y que feos luego! Pero lo peor ha sido que al llegar a la sala de reuniones me he encuentro subida a la mesa a la Sra. Auster, la de la octava planta, rezumando ese líquido viscoso, casi como si fuera una fuente y al Sr. Carrigton de administración de la tercera, trajinando con las larvas. ¡Y por aquí sí que no paso! No tengo porque limpiar toda esa porquería que no me toca. No van a venir de las demás plantas a dejármelo todo hecho un asco, eso sí que no. Así que he dejado allí el carro, la fregona y los guantes y me he ido a buscar a la encargada y le he dicho que por ahí no pasaba. ¿Y sabes qué? Pues me ha soltado que la puerta es muy grande y que si no me gusta ya se lo que tengo que hacer, que hay un montón de gente que esta dispuesta a trabajar y con peor sueldo, bla, bla, bla, que tampoco limpio tan bien y que pierdo mucho tiempo hablando ¡Ay, hija, me he llevado un disgusto! Catorce años trabajando para que la traten a una así."

Eva Jané Febrer 09

1 comentari:

Anònim ha dit...

Es absurdo y divertido