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diumenge, 30 de juliol de 2017

Viaje a Francia

Cuando nació mi hermana nos la tuvimos que llevar de vacaciones. No sabe viajar. Me acuerdo del primer viaje con ella. Íbamos apelotonados en el coche por su culpa. Mamá llevaba todos los “porsis”: por si hace frío, por si llueve, por si hace sol, por si vamos a cenar a un sitio bonito. Y con el bebé los porsis inundaron el coche. Los pañales, el orinal, montones de ropa, la cuna plegable. Y a mí me dejaron un rincón super minúsculo y un trocito de maletero para mis cosas al lado de la rueda de recambio. No me puede llevar a Toto por su culpa. En el coche no pudimos cantar porque el bebé dormía. ¡Qué manía de dormir! Si no hacia nada en todo el día, ni iba al cole. Y todo el viaje durmiendo en el cuco y yo tenía que vigilarla. Con mi padre jugábamos a veo-veo. Yo miraba hacia delante porque mirar por la ventanilla mucho rato dice la abuela que marea y entonces él me ganaba porque no podía ver tantas cosas como él. El camino a Francia es una autopista larga y aburrida. Y ese día más, tanto rato callada. De vez en cuando se oían los pedetes del bebé y yo no entiendo por qué hacen tanta gracia si huelen requetemal. Me acuerdo que tuvimos que parar para que mi madre cambiara a mi hermana. En el coche el olor a caca era tan grande que yo estuve a punto de vomitar. Me dejaron llevar un rato la ventana abierta. Luego paramos en una gasolinera con un supermercado muy grande y un lavabo con muchas señoras haciendo cola. Pasamos un rato más en la autopista y cambiamos de país. Había policía y nos miraron con mala cara. A mí me daba vergüenza porque el coche olía a caca y colonia que tiró mi madre. Mi padre dijo que eso todavía era peor. Los policías franceses de Francia eran más investigadores y le preguntaron cosas a mi padre pero como es bueno y no ha estado nunca en la cárcel ni nada, nos dejaron pasar. Mi madre estaba contenta –Estamos en Francia- A mí me parecía lo mismo que Barcelona pero más grande. Francia es igual. Tiene autopistas, campos y pueblos. Los supermercados eran más grandes y venden mantequilla y whisky. Y tabaco. Yo no quiero que papá fume y por eso no quiero ir más a Francia. Me acuerdo que mi hermana lloró. Tampoco le gustaba mucho Francia. El camping sí que es mejor. Está cerca de la playa y la montaña. Por la noche daban cine gratis y una noche vino un circo con un león y malabaristas y dos trapecistas. Mi hermana en el camping siguió durmiendo todos los días. Menos una noche que mi padre la tuvo que sacar a pasear para que no molestara con su berrinche. A ella no le pasó nada pero a papi le atacaron los mosquitos por culpa de la colonia que es muy dulce. Yo no la he probado. En el camping hice seis amigos franceses. Mi madre decía que cómo les entendía. Yo creo que el francés es fácil y se entiende todo. Por mis vacaciones también fuimos a campos con viñedos y una familia que no conocíamos de nada nos enseñó su bodega y sus barriles y los quesos que olían peor que los pies de Guille. Nos caímos bien y nos dejaron quedar unos días a dormir en su casa. Al final tuvimos que volver para llenar otra vez la hucha. Yo creo que de mayor seré veraneante y siempre estaré de vacaciones. Pero que mi hermana no venga hasta que vaya sola al lavabo.