Translate

dijous, 3 de juliol de 2008

Crónicas de Armando

Está grabando? Pues si señorita, por aquí los más ancianos todavía recuerdan cuando el pueblo se llamaba Epicentro y cómo se destruía año tras año por los terremotos. Pero luego llegó el barro azul y Gerardo Barroso, menudo hallazgo. Ya lo habrá visto, es un pueblo pequeño y tranquilo pero nos sentimos orgullosos. No hay en el mundo uno igual. Le conté lo que pasó con Gerard Barroso? Cómo? Ah, sí? No recuerdo que ayer se lo contara. Armando Asín? Que quiere que le diga. Un niño muy raro. Yo fui su profesora los tres últimos cursos y me las hizo de todos los colores. Le contaré una anécdota. Me acuerdo que cuando tenía unos siete años lo pillé diciendo que sus padres eran inmortales. Menuda imaginación. Ese chico tenía un gran afán por ser más que los demás y miraba a sus compañeros por encima del hombro. A todos excepto a Robert. El chico le contestó que no se lo creía, que no era justo. Y es que los padres eran muy severos, sabe, y nada cariñosos con él. Todos sabíamos que la madre de Robert tenía la mano muy larga y el padre cada año cambiaba de cinturón. La mayoría de las tardes las pasaban juntos, paseando por las calles sin esquinas de Barroso. Si, si, a todos les llama la atención. Pues como le decía, a veces los chicos iban a merendar al pantano y yo les veía competir por tirar piedras lo más lejos posible. No se podía decir que fueran grandes amigos. Sencillamente, eran supervivientes. Uno de los malos tratos, el otro de su excesiva imaginación y de un gran ego. Siempre lo supe. Seguro que está grabando? Nada, pues sigo. Armando nunca tuvo que dedicar demasiado tiempo a estudiar. Una rápida lectura unida a su prodigiosa memoria fotográfica. Creo que fue uno mis mejores alumnos. En sus excelentes notas sólo había una salvedad: su actitud y comportamiento. No se lo creerá pero a veces me daba incluso un poco de miedo. Tenía una forma de contestar desafiante, con malas formas. No sé si me explico. Le conté lo de los gusanos de seda? Los trajo un día en una caja húmeda. Todos estaban muertos. Su madre le había dicho que tenían visita en casa y que los tirara porque olían muy mal. Armando me contó luego, que llenó el fregadero de agua y jabón y los sumergió. Cuando los vi en la caja, no daba crédito. Le pregunté porqué los llevaba en la caja si estaban muertos. Hizo una extraña mueca y encogiendo los hombros me respondió quiero ver cómo van al cielo. Se hace una idea, no? Habrá visto alguna de sus maquetas, no? La casa del alcalde la hizo él. Ya entonces le gustaba dibujar. Me acuerdo que siempre llevaba en la mochila una libreta de tapas duras. La compraba al lado de la estación de autobús, en la papelería. Por las mañanas estaba la Sra. Rosita sola en la tienda. Es pequeña, ya la verá, y a rebosar de cartulinas, cajas de lápices, carpetas, carteras. Ahora además también vende álbumes de cromos y chucherías. Rosita es una mujer muy pequeña, de cara blanca y labios gruesos y rosados. Su marido, Antonio, es un hombre descomunal. Lo ha conocido? Ya lo verá, ya. Nunca hemos sabido su peso. Hasta que se jubiló trabajó por las mañanas en el matadero y por las tardes, acompaña a su mujer en la tienda hasta la hora del cierre. El hombre es tan grande que no cabe en la tienda. Cuando la grúa está libre tiran un poco de la pared y así puede entrar. Otras tardes, se queda en la calle. Cuando hace mucho sol, los niños y algunos ancianos aprovechamos su sombra para mitigar el calor. Pues Armando, como le contaba, compraba allí las libretas. Hacia esbozos y pequeños dibujos en escala, de maquetas que luego construía. Creo que sólo Robert había visto algo de su contenido. Las libretas siempre las pedía con tapas naranja. Me dijo una vez que era el color que más le gustaba y que los presos americanos lo llevaban en el uniforme. Si, si ya se lo he dicho, señorita. Un niño muy raro. Ah, ya está? Seguro que lo ha grabado todo?

Eva 18/06/08