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dissabte, 6 de juny de 2009

"Lazos"

¿Me escuchas? Diego, sólo necesito que me escuches un momento. No puedo perder más tiempo. No te soporto. ¿Me oyes? No puedo más. Cuando consigo dormir estás dentro de todos mis sueños. Sujeto a mí, por una cinta roja. ¡Suéltame y déjame en paz! No me toques. Me dejaste, pero dime: ¿Tenía que ser ella? Hay cientos de mujeres, miles. Puedes tener a cualquiera. Pero te decidiste por ella. Menudo cabronazo. Ayer me puse a pintar. Hacia una tarde preciosa. Desde que te fuiste con ella, no había habido ninguna tarde así. Por la ventana de la sala entraba el aroma del jardín y empecé a sentirme bien. Incluso me entró hambre. Fui hasta la cocina y comí una granada. Los granos estallaron en mi boca y por un momento te olvidé. Luego te oí. Si, te oí canturreando. Me asomé a la ventana y te vi en la terraza. No te diste cuenta de que te miraba. Parecías casi feliz. Lo sé, mi hermana es buena cocinera. Sabe llevar bien la casa y te adora. No podías haber escogido a nadie mejor. Observé durante un rato cómo mirabas el jardín. Recorriste con la mirada todas las plantas, las flores, cada uno de los árboles. Volví a la sala y preparé un lienzo en blanco. Todo el mundo piensa que pinto mis sueños, pero pinto la realidad, mi realidad. Y fui consciente entonces de que te odio. Te odio por que no puedo vivir sin ti. No me mires así. Lo sabes. He hecho el amor con tantas personas que ni los recuerdo. Después, borracha, me tendía en la cama y en el sueño me abrazaba a ti. Es absurdo. Sólo puedo pintar en rojo. Sé que cuando ayer mirabas el jardín me veías en él. ¿Qué estamos haciendo? ¡Dime! Te escucho pasear arriba y debajo de la casa. Vivimos en casas separadas unidas por una pasarela, como la cinta roja de mis sueños. No puedo gozar con las caricias de otros. Noctámbulos babosos. Mujeres con medias de seda y hombres de palabras empalagosas. Nadie me hace sentir como tu. ¿Por qué no nos vamos lejos? Vámonos. Lo sé, tienes muchos proyectos, pero yo necesito volver a vivir. Quiero escapar de todo éste dolor que me carcome un poco más cada día. A tu lado me siento más fuerte. A veces, incluso, olvido el dolor. No. Déjame que termine. Si no te lo digo ahora sé que jamás lo haré. Te odio, pero no puedo vivir sin ti. Estoy enganchada. No puedo respirar. Te veo en el jardín, nuestro jardín, con las manos en los bolsillos y te mataría. ¿Me oyes? No, no me toques. No podría soportar que me tocaras una vez más. Ahora Diego, dime: ¿qué vamos a hacer?